Caro Quintero, el Narco de Narcos, el codiciado trofeo que Estados Unidos perseguía desde hace 40 años

El destino del histórico capo ha estado marcado por el brutal asesinato en 1985 del agente de la DEA Kiki Camarena. Era la extradición más buscada por EE UU y la presión de Donald Trump ha materializado la ‘vendetta’

Rafael Caro Quintero en un aeropuerto de Nueva York, Estados Unidos, el 27 de febrero de 2025
El Búfalo fue a la vez su mayor éxito y su irremediable condena. Aquel rancho en Chihuahua, un cultivo gigante del tamaño de 1.000 campos de fútbol, revolucionó el mundo de la marihuana y lo catapultó, sin apenas saber leer y escribir, a lo más alto del narcotráfico en un tiempo récord. Con 33 años, Rafael Caro Quintero ya era millonario, dirigía con sus socios el poderoso Cartel de Guadalajara y tenía a sueldo por todo México a policías, militares, políticos y jueces. Hasta que un día de noviembre de 1984, cientos de soldados se presentaron en el lugar, detuvieron a todos los trabajadores y quemaron unas 8.000 toneladas de marihuana.
La prueba definitiva fue una foto área del rancho, tomada gracias a Kiki Camarena, un agente infiltrado de la Agencia Antidrogas Estadounidense, DEA. Caro Quintero juró venganza y meses después acabó matando con saña a Camarena y al piloto de la avioneta. La DEA nunca olvidó la afrenta y lo colocó desde entonces como su máximo objetivo. Fue encarcelado, liberado y vuelto a detener. Pero en todas estas décadas no habían conseguido la ansiada extradición. El destino llevaba 40 años pisándole los talones a Caro Quintero. Y este jueves, Estados Unidos se ha cobrado al fin su cabeza ante la presión y las amenazas de Donald Trump.
El capo, de 72 años, aterrizó al final de la tarde en Nueva York. Con traje de presidiario beige, esposado de pies y manos, bajó de un avión del Ejército mexicano. En suelo estadounidense le esperaban más de una decena de policías de la DEA, alguno incluso sacó alguna foto con el celular. La vendetta de la agencia antinarcóticos se había cumplido. “No hay escondite posible para quien secuestre, torture y asesine a un agente”. Así anunció el Gobierno estadounidense su segunda detención, en la que colaboró la propia DEA, hace tres años en la sierra de Sinaloa.
La justicia estadounidense dijo también entonces que su extradición era inminente. El arresto del capo llegó en un momento delicado en la relación bilateral, en plena crisis migratoria y apenas unos meses después de que se hiciera público que el entonces presidente, Andrés Manuel López Obrador, había disuelto una unidad de inteligencia de la DEA que operaba en México desde los noventa. La captura de Quintero se leyó como un saldo de antiguas deudas pendientes con la Casa Blanca, que no solo exigió la extradición en la mesa bilateral de negociaciones, sino que también le puso fecha: “tramitar antes del 1 de julio de 2022″, según documentos del Ejército mexicano.
Los cargos sobre Caro Quintero en tribunales federales estadounidenses incluyen, además del asesinato de Camarena, otras tres causas abiertas por narcotráfico en Texas, Arizona y Nueva York. Tras su captura se inició un juicio de extradición en su contra. Pero el proceso quedó empantanado por una maraña de amparos y otros recursos legales de sus abogados. De fondo, pesaba sobre todo una decisión política. La pelota siempre estuvo en el tejado de la Cancillería, que ha de dar el visto bueno a las extradiciones. En la historia reciente ha habido casos de envíos express, como la de Dámaso Núñez, El Licenciado, mano derecha de El Chapo, capturado en 2017 y extraditado un año después.