Economía

Ciudad de México.— Lo que Adán Augusto López opera hoy jueves en el Senado de la República, bajo un hermetismo propio de una operación de seguridad nacional, no es un simple relevo administrativo: es la ejecución de una sentencia dictada posiblemente fuera de nuestras fronteras. Su renuncia no podría obedecer a intereses nacionales, sino a la geopolítica actual que enfrenta México. Para Washington, Gertz dejó de ser un interlocutor válido para convertirse en un obstáculo: su agenda de vendettas personales estorbaba la exigencia de la Casa Blanca de concretar extradiciones exprés y desmantelamientos financieros inmediatos, condiciones para evitar los aranceles punitivos que la administración Trump amenaza con imponer en enero de 2026.

Sin embargo, si la orden de la salida vino del Norte, la urgencia del procedimiento es puramente doméstica. La prisa por forzar un nombramiento Fast Track —excluyendo deliberadamente de la “mesa chica” a voces críticas como Javier Corral y Gerardo Fernández Noroña— responde al pánico sistémico por el destino de los secretos guardados por el ahora ex-fiscal. La administración no busca un Fiscal de Justicia; busca un “Liquidador de Activos” con la misión específica de sellar los expedientes financieros de …, … y la red de proveedores de salud vinculados a “El Clan”. Gertz garantizaba el silencio por complicidad histórica; el nuevo titular deberá garantizarlo por diseño institucional antes del cierre fiscal, evitando que esos pasivos se conviertan en munición para las agencias extranjeras o opositores nacionales.

En este tablero de ajedrez, el bloque duro del obradorismo podría haber tendido la trampa perfecta con la llamada “Opción Nuclear”: Omar García Harfuch. Impulsarlo de la Secretaría de Seguridad a la Fiscalía General satisface la demanda de estados unidos de crear un “FBI Mexicano” con capacidades operativas y ministeriales fusionadas, pero en la lógica política interna, representa una celada magistral. Al otorgarle la autonomía por nueve años, Adán Augusto cumple con Washington, blinda los secretos del pasado y, crucialmente, inhabilita a su posible rival más fuerte para la sucesión presidencial de 2030. La premisa es clara: promoveatur ut amoveatur. Sacar a Harfuch del gabinete y enviarlo a la trinchera de la gu~rr~ judicial es la forma más eficiente de qu~m~r su capital político lejos de la protección presidencial.

La alternativa natural, Arturo Zaldívar, se ha topado con un muro infranqueable: el veto militar. El Estado Mayor Conjunto desconfía profundamente de un perfil civil, mediático y ajeno a la doctrina de seguridad nacional para manejar el aparato de justicia federal. En un régimen donde la seguridad pública se ha militarizado de facto, los generales prefieren el pragmatismo operativo de Harfuch que la teoría constitucional de Zaldívar.

Estamos presenciando el cambio de cerradura de la bóveda de secretos del Estado Mexicano. El perfil que emerja de esta operación política servirá a dos amos: a la presión imperial para pacificar las rutas comerciales, y a la necesidad de la élite gobernante de asegurar que la caja de Pandora de sexenios pasados permanezca cerrada. Gertz Manero ya es historia; la verdadera batalla por la llave de la …… apenas comienza.

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