Ciudad de México.— Lo que Adán Augusto López opera hoy jueves en el Senado de la República, bajo un hermetismo propio de una operación de seguridad nacional, no es un simple relevo administrativo: es la ejecución de una sentencia dictada posiblemente fuera de nuestras fronteras. Su renuncia no podría obedecer a intereses nacionales, sino a la geopolítica actual que enfrenta México. Para Washington, Gertz dejó de ser un interlocutor válido para convertirse en un obstáculo: su agenda de vendettas personales estorbaba la exigencia de la Casa Blanca de concretar extradiciones exprés y desmantelamientos financieros inmediatos, condiciones para evitar los aranceles punitivos que la administración Trump amenaza con imponer en enero de 2026.
Sin embargo, si la orden de la salida vino del Norte, la urgencia del procedimiento es puramente doméstica. La prisa por forzar un nombramiento Fast Track —excluyendo deliberadamente de la “mesa chica” a voces críticas como Javier Corral y Gerardo Fernández Noroña— responde al pánico sistémico por el destino de los secretos guardados por el […]











